lunes, 14 de noviembre de 2011

'Vivió y murió como griego'

Horticultor Spiros Analytis Karamanos





Hereda amor al trabajo



Deja Grecia muy joven en busca de fortuna y encuentra en Culiacán un nuevo hogar; con base en el esfuerzo y la fe logra cumplir sus sueños


Guillermo Gallardo


La fe, sus sueños, la persistencia y el amor al trabajo lo llevó muy lejos de su tierra, pero encontró otra donde forjó una nueva vida.
Spiros Analytis Karamanos salió de Grecia sin dinero un 11 de octubre de 1972 hacia Culiacán buscando fortuna y la halló en todos los sentidos.
Su inquietud por conocer el mundo lo trajo a Sinaloa donde decidió quedarse para formar una familia. Su lucha incansable de 39 años trabajando las tierras sinaloenses le dio como fruto la constitución de su propia empresa agrícola a la que llamó Alfa Bita.
“Cómo reching... me gusta estar aquí”, exclamó el griego a su hijo Theodoros cuando iban en su vehículo, la última vez que visitó el campo, días antes de que falleciera víctima del cáncer.
El horticultor partió para siempre el 17 de septiembre del presente año.
A su esposa Ángela Beltrán, sus hijos Theodoros, Angeliki y Spiros, así como a su nuera Nadia Laura Ronquillo y sus nietos Eleni y Spiros, les deja la herencia del esfuerzo y trabajo como base para el éxito.

Sus sueños


Analytis Karamanos nació un 16 de agosto de 1949 en Pireaus, puerto principal de Atenas y el más grande de Grecia, considerado también uno de los más importantes del Mediterráneo.
Sus padres fueron Theodoros Analytis y Eleni Karamanos de Analytis, quienes educaron a su hijo de manera modesta y humilde.
Sus primeros años los vivió en el puerto y fue educado en escuelas públicas de Grecia hasta la preparatoria.
Luego de concluir la educación media superior, el joven Spiros entra a la Fuerza Aérea donde permanece dos años.
Pero su inquietud por conocer el mundo era grande y soñaba con viajar a América, la tierra de las oportunidades.
Su idea era irse a Nueva York donde tenía algunos familiares, con el fin de trabajar y hacer dinero.
Pero el destino le puso enfrente un reto diferente que lo llevaría a voltear hacia tierras sinaloenses.


Migración griega


La migración griega a Sinaloa data de principios del Siglo 20. La mayoría de los inmigrantes llegaron huyendo de la guerra y se establecieron principalmente en Culiacán, asentándose también en Navolato, Elota, Eldorado y Costa Rica.
De acuerdo con información de la Comunidad Helénica publicada por Noroeste el 6 de junio de 2008, entre los griegos que se asentaron en la región estaban las familias Chaprales, Georgelos, Bisbardis, Aretos, Demerutis, Gotsis, Canelos, Crisantes, Dablantes, Gatzionis, Krinis, Kolokuris, Kontos, Stamatis, Karamanos y Pappatheodorous, entre otros.
Después de los 50 llegaron otros jóvenes como Juan Kastis, Jorge y Ángel Scopelitis, trinofas Stabrópoulos, Takis y Nicolás Krinis, Teodoro Glaros, Giorgios Etzouglou, Elías Canelos y Manolo Mavoridis.
La mayoría de ellos se dedicó a la agricultura, siendo pioneros en la exportación de legumbres, convirtiendo a esta actividad en toda una industria rentable.
Jorge Karamanos, tío de Spiros, fue uno de los que se estableció en Culiacán, y al igual que otros griegos que llegaron a estas tierras se casó y formó una familia.
Y fue en 1972 cuando el joven Spiros estaba en la disyuntiva de qué iba a hacer en su vida, cuando, luego de la muerte de su tío, la familia Karamanos Pérez, de Culiacán, viaja a Grecia a conocer sus orígenes.
Ahí, los primos y su tía le ofrecieron trabajo en la Agrícola Karamanos que ellos tenían.
“Mi apá estaba en el momento de decidir qué hacer con su vida, acababa de terminar en el Ejército y no tenía trabajo, además, la situación económica del país era difícil; entonces le entró la inquietud y dijo vámonos”, indica su hijo Theodoros Analytis Beltrán.
A como pudo, Spiros juntó un poco de dinero para el pasaje, incluso su abuelo le completó para el boleto de ida, más no de regreso.
La idea del joven era venir a Culiacán, juntar dinero y regresarse a Grecia o irse a Estados Unidos.
“Pero no contaba con la astucia de doña Angelita”, expresa Angeliki Analytis Beltrán.
Y lo refiere porque el primer día que tocó tierras culiacanenses, Spiros conoció al amor de su vida Ángela Beltrán, con quien se casó 4 años después y tuvo tres hijos. Ya jamás dejaría estas tierras de las que también se enamoró.
Un 11 de octubre de 1972 salió de Grecia rumbo a su destino. Se despidió de sus papás y prometió regresar.
Antes de su arribo ya se había corrido la noticia de que otro griego llegaría al pueblo, así que Ángela y su hermana, como era costumbre en ese entonces, dieron una vuelta por la avenida Obregón, y al llegar a la casa de los Karamanos Pérez, hoy La Finca de Doña Naty, vieron que había mucho alboroto.
“Yo ya sabía que iba a venir un griego porque me lo habían dicho los Karamanos”, recuerda Ángela.
Ahí le presentaron al joven Spiros, quien no sabía hablar español.
“El primer día lo conocí. A mí me dio mucha ternura que no hablara nada de español y que no se daba a entender, entonces le llevé un libro de primero de primaria que antes se usaba y que se le llamaba Libro Mágico donde venían imágenes y luego escrito lo que significaba.
“Yo digo que sí le sirvió para aprender algo de español, porque a los cinco meses ya sabía hablarlo”, rememora.
Fue amor a primera vista. A Spiros lo conquistó aquella joven con unos aretotes de plástico naranjas.
Ella dijo para sí: “con este griego me voy a casar”.
“Esa noche, mi papá, ya que se fueron todos de la casa de los primos, vio una foto que tenían en el comedor donde estaban los Karamanos Pérez con sus amigos y ahí estaba mi mamá; agarró la foto, la encerró en un círculo y puso la fecha por detrás. Cuando le envió a sus papás la invitación de la boda les puso ...y cuatro años después me voy a casar con ella. Ya la tenía vista y estaba flechado desde el primer día”, asevera Angeliki.

Su experiencia

Desde que empezó a trabajar, Spiros se distinguió de los demás. Los dueños de agrícolas le “echaron el ojo” por su pasión y energía.
Trabajó un año en Agrícola Karamanos, pero al cerrar operaciones fue recomendado para laborar con César de Saracho. Ahí duró dos años. Mientras tanto, Spiros acumulaba experiencia en el manejo de la horticultura.
Luego de tres años aquí, decide regresar a su tierra natal a visitar a sus padres, pero no para quedarse, porque ya estaba comprometido con Ángela.
Al saber que Spiros se iba a Europa, don Juan Stamatópulos fue a despedirlo al aeropuerto y ahí mismo le ofreció trabajo.
Le dijo, te vas a visitar a tus padres, pero cuando regreses quiero que te vengas a trabajar conmigo. Luego le dio un poco de dinero para garantizar su regreso.
“Volvió al mes y trabajó cuatro años con él. Al año de haber regresado se casó conmigo un 23 de octubre de 1976”, expone Ángela.
Con la experiencia acumulada, Spiros buscó nuevos horizontes y entró a trabajar con José Cárdenas Izábal. El horticultor llevaba su producto a empacar con la familia Gotsis y ahí lo vio el griego Nick Gotsis, quien le dijo a un hijo que estuvieran pendientes para que cuando hubiera oportunidad lo jalaran a laborar con ellos.
Luego de un año se presentó esa oportunidad y se fue con los Gotsis. Ahí permaneció 23 años.
Spiros ya estaba listo para iniciar su propio proyecto. Una vez que su hijo mayor se graduó crearon la Agrícola Alfa Bita.
“Se hizo con muchas ganas, mucha audacia, mucho trabajo y poco dinero”, expone Theodoros.
“El activo que teníamos cuando empezamos era la experiencia de mi papá, pues no teníamos tierras, ni tractores, ni nada”, afirma.
Un consejo dejó Spiros a su familia:
“Hagas lo que hagas trabaja, porque eso nadie te lo puede criticar”.
Así, los Analytis Beltrán iniciaron rentando 55 hectáreas para sembrar calabazas. Los amigos de Spiros de repente le enviaban tractores para que trabajaran la tierra o cuadrillas de gente.
“Nos ayudaron los Gotsis, Jorge Stamos, hijo de don Juan, mucho nos ayudaron porque lo querían a él”, agrega.
Al principio no les fue bien, al contrario, las lluvias perjudicaron las plantaciones y les tronó. Probaron con maíz y sorgo y recuperaron algo de dinero.
Al siguiente año, como no tenían recursos les prestaron un poco y plantaron berenjena y chile poblano. Hasta hipotecaron su casa para salir adelante.
Así, poco a poco fueron levantando casi de la nada la agrícola Alfa Bita, hasta que el año pasado lograron crecer a tal grado de que pudieron comprar tractores, equipo de riego, hacer empaques, cuartos fríos, camionetas y equipo para fortalecerse. Todo lo reinvertían.
Pero de nueva cuenta no contaban con el tiempo quien les hizo una mala jugada en febrero pasado cuando se presentó una helada que acabó con sus cultivos y la de la mayoría de los agricultores de Sinaloa.
Con el consejo de su padre, cortaron las plantas y lograron recuperar un poco de lo perdido. A pesar de todos los problemas y con el esfuerzo de la familia, la agrícola Alfa Bita se mantiene en el mercado.

Vivía con intensidad

“Él era un hombre muy intenso, vivía con mucha alegría; con cualquier pretexto hacía fiestas en la casa. Le gustaba que vinieran sus amigos a su casa. Era muy buen anfitrión”, recuerda Angeliki.
Hacer el bien sin pedir nada a cambio, era una de sus cualidades, asegura.
“Mi apá era muy intenso. Decía: 'yo trabajo mucho, como mucho, bailo mucho, cuando tomo, tomo mucho'. Era basto”, manifiesta Theodoros.
Cuando falleció, la familia Gostis, con quien trabajó muchos años, lo describió así a través de una esquela:
“Aunque exitoso en los negocios, tuvo un éxito mayor todavía, una hermosa familia...
“No nos cabe duda que Spiros fue un hombre que trascenderá generaciones. Vivió siempre el cada día como si fuera el último, disfrutó la vida como pocos saben hacerlo... Fue un amigo de todos, desde gobernadores que lo consideraron su amigo, hasta humildes jornaleros a quienes guió en la vida”.
“Cómo olvidarlo bailar la Sorba Griega, todos le aplaudían con un gran respeto y cariño. Cómo olvidar el delicioso borrego a la griega a la vuelta y vuelta que nadie podía igualar. Cómo olvidar su pasión por el campo y la tierra sinaloense”, detallan los Gotsis en su despedida al amigo.


Un rincón cerca de Grecia


Spiros nunca se despegó de sus raíces.
A pesar de que estaba tan lejos del lugar donde nació, en su casa tenía un pedacito de su patria.
En los viajes que hizo al viejo continente se traía recuerdos y los iba acumulando. Cuadros, esculturas y fotografías de Grecia formaban parte de su tesoro personal.
También contribuyó con su patria siendo presidente de la Comunidad Helénica de Sinaloa en el periodo de 1989-1991.
Su rincón cerca de Grecia era el bar que él mismo construyó y se convirtió en su lugar favorito. Lo llamó Spiros Private bar.
“Llegaba del campo, subía descansar un rato y le gustaba bajar al bar, poner su música; era su lugar favorito de la casa, su rincón”, dice Theodoros.
Ahí está la foto con sus amigos de juventud, cuando la reina de Grecia los felicitó por la gestión de un parque de usos múltiples.
La galería incluye una fotografía tomada en la Acrópolis, cuando era niño; otra bailando en una boda; en el bautizo de su nieta; en el festival helénico, entre otras que las conservaba como una exposición permanente de su vida.
Su esposa dice que también quiso traerse un pedacito del Partenón, por lo que el patio lo diseñó a su estilo, con grandes columnas y una escultura.
Nunca dejó de ser griego, a tal grado de que decidió traer vía parabólica varios canales de televisión de su país, pero su favorito era el ERT World, indica Ángela.
Aunque quiso mucho Culiacán él decía: “Yo nací griego y voy a morir griego”.
Y así lo hizo. Vivió en Culiacán amando la tierra que sembraba, pero sin olvidar la comida griega, su música y sus tradiciones. Vivió y murió como griego.


Su orgullo
La familia habla sobre Spiros Analytis Karamanos:
¿De qué estaba orgulloso Spiros Analytis Karamanos?
De su familia. Él se sentía orgulloso de sus hijos. Antes de morir me dijo: hicimos buenos hijos. También su orgullo era haber enseñado a sus padres que había formado una buena familia.

¿En sus tiempos libres qué hacía?
Convivir con su familia y hablarle a sus amigos para que vinieran a la casa.

¿Como hijos cuál es la enseñanza que les dejó?
El trabajo. El amor al trabajo y a la vida.

¿Qué es lo que más recuerdan de él?
Su risa y sus anécdotas.
¿Qué es lo que más le hacía reír?
Le gustaba echar chistes y ver a la gente reír.
Frases
“Cómo reching... me gusta estar aquí”.
Spiros Analytis Karamanos
Según su hijo Theodoros

“El primer día lo conocí. A mí me dio mucha ternura que no hablara nada de español y que no se daba a entender...”
Ángela Beltrán de Analytis

“El activo que teníamos cuando empezamos era la experiencia de mi papá, pues no teníamos tierras, ni tractores, ni nada”.
Theodoros Analytis Beltrán

“Él era un hombre muy intenso, vivía con mucha alegría...”
Angelikis Analytis Beltrán

martes, 1 de noviembre de 2011

Herencia política




Los pasos de Fortunato


Con más de 50 años como militante del PRI, Álvarez Castro se siente orgulloso de su trayectoria que incluye su paso por la Gubernatura de Sinaloa y la Alcaldía de Culiacán


Guillermo Gallardo

A sus 78 años, Fortunato Álvarez Castro es un hombre lúcido, activo, con memoria de "elefante".
Recuerda cada nombre, anécdota y fechas de los pasos por su vida personal y política.
Maestro y formador de cuadros en el PRI, Álvarez Castro se ha caracterizado por ser el fiel de la balanza tricolor, en su trayectoria de más de 50 años como militante.
Aunque en 2010 se "rebeló" contra la imposición de Jesús Aguilar Padilla y votó por el abanderado de la oposición, Mario López Valdez, ahora insiste desde adentro para democratizar al partido.
La entrevista con el ex Gobernador se realiza en su casa, y para llegar a él hay que salir de la ciudad. Un fraccionamiento exclusivo con seguridad externa "da la bienvenida".
Los guardias piden una identificación y abren el portón eléctrico que se cierra casi inmediatamente después de que la visita entra.
El también ex Alcalde de Culiacán recibe a los visitantes por la puerta de servicio, pues la entrada principal está bloqueada por un jarrón gigante que adorna la sala.
Viste un pantalón negro y camisa de vestir, listo para la foto. Pregunta si está bien peinado y posa.
Su casa, dice, es adecuada para dos personas. Un cuarto de servicio, una cocina, comedor mediano, sala, baños, una recámara, vestidor y un pequeño patio trasero con césped, llenan su vida y la de su esposa María de Lourdes Zaragoza Moreno. A un costado vive su hijo Fortunato quien está al pendiente de sus padres.
Orgulloso de su trayectoria, Álvarez Castro enseña las fotos del recuerdo desde que concluyó su carrera de abogado en el Distrito Federal, hasta su paso por los distintos cargos públicos y políticos.
En la sala, su mesa de centro muestra tres gafetes. Dos de ellos con el logotipo del PRI, como miembro del consejo político. Pero uno contrasta y dibuja el escenario político de 2010: un gafete de invitado especial a un mitin de Malova, candidato de la coalición El Cambio es Ahora por Sinaloa, hoy Gobernador.
Nada más estuvo al final de la campaña, aclara, pero afirma que no necesitaba ser visible en la contienda para darle votos a Malova. Su trayectoria e influencia política le acarreó muchos sufragios a la oposición.
De las paredes cuelgan dos cuadros, como homenaje a dos de los seres más queridos de la familia Álvarez Zaragoza: uno de su mamá Ciria René Castro Soto y otro de su suegra Matilde Moreno de Zaragoza.

Herencia paterna

Su pasión por la política la heredó de su papá Fortunato Álvarez Gaxiola, quien fue Alcalde de Guasave en el periodo 1945-1946, quien dejó el cargo el último año para buscar una diputación local. Lo sustituyó en la Alcaldía Andrés F. Meyer (1947).
Álvarez Gaxiola había llegado a Guasave para trabajar como tenedor de libros en 1927. En este periodo conoció a su esposa Ciria René Castro Soto con quien se casó el 30 de diciembre de 1928.
Fue el 23 de mayo de 1933 cuando nació el hijo Fortunato, quien compartió su vida con sus hermanos Graciela y Mario.
Los primeros años de su vida transcurren entre El Burrión y Guasave. La primaria la realizó en la escuela Agustina Ramírez, aunque fue su madre, maestra de profesión, quien le enseñó a leer y escribir.
Su papá entró a la política y fue electo Alcalde, cuando Fortunato concluía la primaria.
Dos años de secundaria los realizó en una escuela militarizada en Magdalena, Sonora, y el tercero lo culminó en la Universidad de Sinaloa, en Culiacán, luego de que su papá decidiera trasladar su residencia en 1947 a la capital, cuando fungía como diputado local.
Posteriormente, el joven Fortunato se trasladó a la Ciudad de México donde ingresó a la Facultad de Derecho de la UNAM, graduándose con excelencia académica en 1956.
Y ahí se quedó los primeros años de su ejercicio profesional fungiendo como proyectista en el Supremo Tribunal de Justicia del Distrito Federal, y como secretario de acuerdos.
Un grave suceso marcó su vida cuando su madre fallece en 1959, a los 52 años de edad.
Su papá se volvió a casar en 1960 con Cecilia Ahumada García, con quien procreó a Carlos Alberto, Cecilia y Guillermo.
El destino lo llevaría a la política a partir de 1961 y a radicar de nuevo a partir de 1963 en Culiacán, ciudad de la que se enamoró y jamás ha dejado.

Su vocación

Desde muy chico supo que iba a ser abogado, incluso, recuerda, es su maestro de secundaria a quien le debe su carrera.
El niño Álvarez Castro fue enviado por su padre en 1946, a la edad de 12 años, a estudiar la secundaria en un colegio militarizado de Magdalena, donde realizó los dos primeros años. Ahí conoció y se hizo gran amigo de Roberto Tamayo Müller, quien también fue presidente municipal de Culiacán.
En esa época su papá decidió mudarse a Culiacán y rentó una casa por la calle Zaragoza. Entonces, Fortunato se regresa también con la familia.
Inició tomando clases de trigonometría en la Universidad de Sinaloa con el maestro Matías Ayala, quien se empeñaba en pasar al pizarrón a Fortunato.
"Un día me pasó al pizarrón y me dijo 'hoy ya sé lo que vas a ser de grande, vas a ser licenciado en derecho y los problemas que se te van a presentar son estos: muere una persona y deja dos herederos y deja de herencia cuatro burros. ¿Cuántos burros le quedan a cada hijo?' Después de pensarla le dije dos burros para cada hijo. 'No', expresó el maestro, 'son un burro para cada hijo, porque dos se queda el licenciado con ellos, me dijo'".
Pasaron los años y su hijo Alfredo Ayala fue compañero de escuela de Fortunato, e incluso vivieron en la misma casa en la Ciudad de México.
"Nos reencontramos en Culiacán. Yo ya casado, me habla y me dice: Fortunato me caso con una alemana y quiero que seas mi testigo de boda. Con mucho gusto le dije...".
Ya en el Registro Civil se encuentra con su maestro, el papá de Alfredo, a quien le preguntó que si se acordaba de él. "'Como si fuera hoy'. ¿Se acuerda del ejemplo de los burros? 'Sí', me dijo, 'pero tú te quedaste con todos, porque eres licenciado en derecho y político importante, no dejaste ni uno'; no, le dije, soy honrado y bien formado por hombres como usted", indica.

Ser Gobernador, una
gran responsabilidad...

Cuando regresó a Sinaloa, después de varios años de estancia en la Ciudad de México, lo hizo por la puerta grande, pero nunca imaginó que a tan corta edad llegaría hasta el cargo más alto al que se pueda aspirar en el estado: ser Gobernador. Y lo logró por azares del destino.
Desde ahí la vida le sonrió, pues pudo "codearse" con los políticos más importantes del país, incluso con varios Presidentes de la República y Luis Donaldo Colosio, quien fue su amigo.
Cuenta que un día, estando en el Distrito Federal después de salir del trabajo, se encuentra con Leopoldo Sánchez Celis, quien en 1961 era Senador de la República.
Estaba con otros sinaloenses afuera del hotel Bamer cuando ve venir al joven a quien conocía por padre Álvarez Gaxiola. Lo abraza y lo invita al día siguiente al hotel donde le ofrece trabajo.
Entonces Fortunato inicia sus labores políticas en el despacho privado de Sánchez Celis en el Distrito Federal.
La estatura política del Senador creció y en 1962 es designado candidato a la Gubernatura de Sinaloa.
Al ser una de las personas de más confianza, Sánchez Celis, al ganar la Gubernatura, nombró a Fortunato en enero de 1963 Oficial Mayor del Gobierno del Estado.
En este periodo conoció a María de Lourdes Zaragoza Moreno, quien era Señorita Casino 1963. Se enamoró y se casó con ella el 20 de julio de ese mismo año.
Su carrera creció rápidamente, pues el Secretario de Gobierno, Alejandro Barrantes, se separó del cargo para contender por la Presidencia Municipal de Culiacán.
Entonces, Sánchez Celis lo hizo Secretario de Gobierno.
Pero una vez más, las circunstancias beneficiaron a Álvarez Castro, pues el Mandatario tuvo que ser operado de una enfermedad de los intestinos, lo que lo llevó a convalecer un año. Fortunato fue nombrado Gobernador provisional de Sinaloa el 4 de marzo de 1967.
"Fue una gran responsabilidad", asegura.
Luego de su recuperación, Sánchez Celis reasumió el mando, luego de que Fortunato le diera un informe detallado de lo realizado durante su ausencia.

Su paso por la Alcaldía

Fortunato Álvarez Castro era dirigente estatal del PRI cuando en 1973 quiso ser Diputado federal, pero "no alcanzó hueso para él".
En cambio, el CEN del PRI le propuso que para el siguiente año él sería el candidato a Alcalde de Culiacán, y lo fue.
Ganó la elección y fungió como Presidente Municipal en el periodo de 1975-1977.
A él se le debe el impulso a las sindicaturas, principalmente Imala, pues en su periodo se compró el terreno donde se encuentra el balneario de aguas termales.
Narra que esa propiedad era de la familia Acosta.
"Mis suegros iban cada fin de semana a visitarlos porque en las recámaras de la casa pasaba el venero de aguas termales", manifiesta.
Al llegar a la Presidencia, Fortunato va con el señor Acosta y le pide que le venda el terreno, a lo que accedió y pagó 250 mil pesos por él.
Posteriormente el Cabildo expropió el lugar y se inició así el balneario.
Ante la inseguridad, durante su mandato construyó casetas de policías y creó la primera academia para agentes.
"Tuve la mejor policía", recuerda.
Pero el principal problema al que se enfrentó fue al narcotráfico, pues había enfrentamientos entre bandas rivales en las calles céntricas de Culiacán.
Por eso, dice, cuando le pidieron dar una ponencia ante el candidato de su partido a la Presidencia de la República, José López Portillo, decide hablar sobre el narcotráfico como un obstáculo al desarrollo.
En un principio los organizadores desaprobaron que diera un discurso de esa naturaleza, pero ya en gira, fue aprobado.
"...esta actividad (narcotráfico) constituye el problema regional más trascendental en nuestra vida política, económica y social, y significa, en lo internacional, un obstáculo para el desarrollo normal de nuestras relaciones con otros países", detalla la ponencia dada el 15 de mayo de 1976, la cual no ha perdido vigencia.
"...Coludidos con autoridades de diversos rangos establecen élites de impunidad, enseñoreándose en nuestra ciudad con poderes superiores a quienes tratamos de aplicar la ley...
"En todas las actividades de nuestro municipio y principalmente de la ciudad, participan con su poder real, siendo importantes cuentahabientes de la banca, servidos y buscados por profesionistas; grandes compradores de muebles e inmuebles; los mejores clientes de las empresas establecidas en plaza y los mayores inversionistas en toda clase de negocios", expone ante el abanderado del PRI.
Combate al narcotráfico y al lavado de dinero, promover actividades productivas, acciones contra la drogadicción, son las propuestas que hizo Álvarez Castro.
"Esta ponencia yo la presento ante José López Portillo ante el problema tan serio que se estaba viviendo en Sinaloa", asevera.
"Ya la situación estaba muy difícil porque personas dedicadas a esta actividad habían comprado bancos. Miguel Félix Gallardo adquiere el Banco de los Agricultores, el Banco de Sinaloa y le da el nombre de Banco del Sol"...
"El candidato (López Portillo) a la salida me dijo: qué valiente es usted".
El resultado de su intervención fue que al llegar a la Presidencia López Portillo lanzó la Operación Cóndor en Sinaloa a partir del 1 de enero de 1977, donde el Ejército intervino en la zona serrana.
Asegura que el resultado fue la salida de los grandes capos de ese entonces de la entidad.
El tema del narcotráfico es tan actual que el Presidente Felipe Calderón libra una batalla contra la delincuencia organizada que ha dejado más de 50 mil muertos.
El político pasó por diversos cargos adicionales en el PRI, desde dirigente estatal, como secretario técnico del consejo político, organizador de los comicios internos y delegado del PRI en varios estados de la República.
Álvarez Castro también fue delegado de la Profepa y de la entonces recién constituida Secretaría de Desarrollo Social que estaba a cargo de Luis Donaldo Colosio.
Actualmente, el político aún participa en las decisiones de su partido como consejero político.


 

'Lo mejor, vivir en Culiacán'

Guillermo Gallardo

Fortunato Álvarez Castro destaca su amor por su esposa y por Culiacán:
¿Cuál fue la mejor y la peor época de su vida?La mejor fue llegar a vivir a Culiacán de 29 años para ocupar el tercer cargo más importante en el gobierno del estado de Sinaloa y casarme con María Lourdes Zaragoza, de 30 años.
Yo llego a Culiacán para ocupar el cargo y me enamoro de la señorita Casino de Culiacán 1963 y entro con ella como chambelán al casino el 31 de diciembre, minutos antes de que llegara el gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis.

¿Que es lo que más le preocupa?
No tengo preocupaciones porque mi familia, mis hermanos, mis hijos, me han respondido, al contrario, soy feliz por ver triunfar a mi hijo Fortunato Álvarez Zaragoza, sin recomendación de su padre.

¿Qué es lo que más le agrada?
Vivir en Culiacán, que es una ciudad de la que me enamoré de 14 años.

¿Lo que le hace reír más?
Divertirme con mis amigos en el campo de golf. Me hace reír el estar en mi palco en el estado Ángel Flores, habiendo visto el juego inaugural del estadio desde sol lateral derecho y ver lanzar la primera bola a un hombre, a Alfonso Zaragoza; quien la cachaba era el señor Constantino y el que bateaba era el "Grillo" de la Vega. Y ahora me hace feliz estar en mi palco atrás de home play y máxime que yo jugué beisbol en primera y segunda fuerza y tuve una oferta de contrato para jugar en EU, pero mi padre me dijo: deja el guante y agarra el libro.

¿Sus mayores éxitos?
Los tuve profesionales, en mi despacho, siendo abogados de empresas importantes, ser abogado de Manuel Clouthier del Rincón y de la AARC en defensa de la pequeña propiedad.

¿Qué defectos tiene?
Muchos defectos tengo. Esos ni me los cargo, soy humano.

¿Lee algo?
Libros, periódicos de Culiacán.

¿Personajes que más admira?
El recuerdo de mis padres, de mi madre, de mi padre que me formaron.

¿En sus tiempos libres que hace?
Leer.
Por ejemplo, en septiembre es un mes muy importante para mí porque realizo mi chequeo médico y reanudo el salir temprano a caminar al Country Club, soy socio fundador.

¿Por qué ha luchado en su vida?
Mi lucha fue cumplir con mi madre, en paz descanse, que me enseñó en el campo a leer y escribir, sumar, multiplicar y dividir porque hasta los 7 años vivimos en El Burrión.

¿Que sintió cuando le dijeron hazte cargo de Sinaloa?
Una gran responsabilidad.

Perfil

Trayectoria política de Fortunato Álvarez Castro:
Gobernador Provisional de Sinaloa.
Secretario General de Gobierno.
Oficial Mayor del Gobierno del Estado.
Alcalde de Culiacán.
Dirigente estatal del PRI.
Candidato a Diputado federal.
Delegado de Profepa.
Delegado de Sedesol.
Encargado de procesos internos del PRI.
Delegado del PRI en varios estados.
Entre otros cargos.

Dedica su vida al trabajo



Empresario pionero


El liderazgo empresarial de Mario Tamayo Müller marca una época en la vida económica de Sinaloa; junto con su padre y sus hermanos 'edifican' empresas agrícolas y comerciales que dan empleo a cientos de trabajadores

Guillermo Gallardo
Publicado en el periódico Noroeste Culiacán

No le gustaba brillar en la política ni en la sociedad. Eso se lo dejó a sus hermanos Ricardo y Roberto; más bien se enfocó en hacer crecer el negocio iniciado por su papá Jesús Lucio Tamayo Amador.
La historia empresarial, agrícola y económica del Siglo 20 en Sinaloa no se podría entender sin la contribución de la familia Tamayo, pero sobre todo por el liderazgo de Mario Tamayo Müller (1920-2011), quien marcó una época en el estado y en el país, por los negocios que emprendió junto con sus hermanos.
Para su familia, Mario era una persona metódica, organizada, responsable, que inspiraba confianza, y a la que se le consultaba para la toma de decisiones.
Su carácter, aseguran, era serio e introvertido, pero con visión y liderazgo, lo cual hizo prosperar al grupo Tamayo Hermanos.
Entre su papá y él, junto con sus hermanos Jorge, Ricardo y Raúl edificaron los cimientos del negocio agrícola que fuera considerado como ejemplo en Sinaloa con el campo Santa Cecilia, al que poco a poco se fueron incorporando Roberto y Enrique.
Posteriormente vendría una etapa de expansión con la compra de las agencias automotriz Chrysler y Volkswagen, además de las de John Deere, Perkins, Komatsu, así como la formación de una industria lechera y cuatro distribuidoras de llantas General Popo, entre otros negocios.
Luego de toda una vida dedicada al trabajo, Mario Tamayo fallece por causas naturales el 27 de septiembre del presente año, 15 días después de haber cumplido 91 años.

Su vida en los 20

Mario Tamayo nació el 12 de septiembre de 1920 en Culiacán, 15 días antes de que el general Ramón F. Iturbe dejara la Gubernatura de Sinaloa en manos del general Ángel Flores, en un estado en el que iniciaban los aires postrevolucionarios.
Su niñez, junto con las de sus hermanos Ricardo, María Luisa, Raúl y Jorge se desarrolló entre vacas y tierras de cultivo. Roberto y Enrique crecieron en Culiacán.
Su madre, Jesusita Müller Tirado (1894-1971) se encargaba de educar a los pequeños.
“Todos los días (Jesusita) reunía la provisión para la comida del mediodía, cargaba con una garrafa y con todos sus hijos hasta donde estaba Jesús trabajando el campo. A la hora de comer se sentaban debajo de un árbol a tomar nieve y alimentos preparados por ella”, se narra en el libro Jesús y Jesusita, escrito por Tali Tamayo.
“Acostumbraba bañar a sus hijos en el canal de riego, amarrando a cada uno con un mecate para poder controlar a tanto muchacho y que no se los llevara la corriente”, rememora la nieta de don Jesús.
Todos los días, mientras vivían en Bellavista, los Tamayo Müller, entre ellos Mario, venían de raite con el lechero en una carreta jalada por una mula, a la ciudad para acudir a la escuela primaria.
Cuando todos sus hijos ya estaban en edad escolar Jesusita cambió su residencia a Culiacán, por la calle Ángel Flores, cerca del Santuario.
Así crecieron los hermanos Tamayo Müller entre la ciudad y el campo, hasta que hubo la necesidad de salir a estudiar una carrera profesional.
Fue en 1938 cuando Mario y su hermano mayor salieron rumbo a la Ciudad de México. Mario quiso estudiar la carrera de Medicina, mientras que Ricardo entró a la escuela de Química del Politécnico.
Todo iba muy bien, pero cuando Mario estaba en segundo de Medicina le detectaron un problema en la vista y no pudo seguir estudiando.
“El mayor, Ricardo, no fue el primero que entró a trabajar con mi papá... La razón por la que Mario entró primero fue porque estudió Medicina hasta el segundo año, pero le encontraron un problema visual; viendo esta situación, mi padre le dice que si no puede seguir estudiando que se viniera a trabajar con él”, recuerda su hermano Enrique.

De Bellavista a Bachimeto

Enrique Tamayo comenta que el campo Bellavista lo compró su abuelo don Severiano Tamayo Orrantia, pero lo hipotecó a don Manuel Clouthier, junto con otras propiedades, por problemas en la época de la Revolución.
Jesús le dijo un día a su padre “déjeme el rancho y yo voy a pagar la hipoteca que tiene con don Manuel”, y así se fue a trabajar.
Luego vino la revolución y los revolucionarios le quitaron Bellavista. Entonces, Jesús, quien conocía al joven general Ramón F. Iturbe, de cuando habían sido compañeros de escuela, le pidió que le regresara el campo y le fue devuelto.
Y por 22 años trabajó las tierras de Bellavista donde sembraba maíz y frijol, vendía leña, leche, asaderas, entre otros productos, pero la mayor parte de las ganancias se iban en pagar la hipoteca, por lo que consideró inútil seguir trabajando así y le entregó el rancho a Clouthier en 1934.
De ahí, a volver a empezar. Jesús ya tenía a todos sus hijos y Mario había cumplido 14 años.
Entonces decide trasladarse a Bachimeto, a donde salió con dos mulas, las carretas y los bueyes. Las 60 cabezas de ganado que tenía las vendió y le pagaron con los terrenos de Bachimeto.
Posteriormente rentó 50 hectáreas en El Parral y otras más en Nochebuena, en el Limoncito, cerca de Altata, para sembrar de nuevo y ahí le empezó a ir mejor en el cultivo de garbanzo y chile.
Para 1940 las legumbres empezaron a cotizarse bien en el mercado de Estados Unidos, por lo que empezó la exportación de tomate, junto con otros productores del valle.
También sembraba chile pasilla y lo comercializaba en ciudades como Mazatlán y la Ciudad de México.
“Mi padre decía 'yo eduqué a mis hijos con puro chile', y efectivamente, fue lo que le empezó a dar”, indica Enrique.
Poco a poco le empezó a ir mucho mejor. Atrás habían quedado las penas y el sufrimiento de Bellavista.
Fue en este tiempo (1940) cuando Mario, a la edad de 20 años, apareció en la escena agrícola, sin saber nada del oficio.

Su desarrollo empresarial

Pero pronto demostró su habilidad para los negocios. Aprendió todo lo relacionado con la agricultura y empezó a hacer crecer la empresa agrícola junto con su padre.
Y así se fueron integrando los hermanos. Primero entró Jorge, luego Ricardo, posteriormente Raúl en 1952.
Don Jesús mandó a Roberto y Enrique a estudiar en Estados Unidos; el primero estudiaba maquinaria y tractores y el segundo en una escuela de comercio y administración.
Roberto se integró también al agro haciéndose cargo del mantenimiento de la maquinaria y equipo, mientras que Enrique fue el último en regresar a Culiacán.
“Yo estaba en Los Ángeles y pensaba quedarme allá. Mi papá dijo, 'tú eres el que falta, qué te quedas a hacer en Los Ángeles, vámonos'. Le dije me voy pero me voy casado, porque ya estaba de novio allá. Pues, me dijo: 'haz lo que quieras pero vente'. En 15 días armamos la boda, casándonos el 28 de mayo de 1955, y nos vinimos.
“Cuando llegamos a Culiacán, Roberto y los amigos nuestros nos recibieron con una bienvenida en el Casino Culiacán. Todos pensaron que no duraríamos mucho casados porque estábamos muy jóvenes, pero aquí estamos con siete hijos y varios nietos y por cumplir 57 años casados”, expresa Enrique.
Cuando todos los hermanos están ya trabajando en el negocio agrícola, don Jesús decide retirarse en 1957 y dejar todo en manos de sus hijos. A partir de ahí se formaliza la empresa Tamayo Hermanos, con Mario y Jorge responsabilizados de la producción agrícola. A María Luisa le compran su parte.
“Yo había batallado mucho”, dijo Don Jesús a su nieta Tali antes de su muerte, “ya había tenido fracasos y de ellos me levanté hasta que conseguí de la tierra lo que me proponía. Sobre todo, ya había formado a mis hijos; ellos ya estaban bien encaminados y podía irme tranquilo. Me retiré después de haber trabajado 44 años duramente”.
Eran unos trabajadores incansables, puntualiza Enrique sobre Mario y Jorge.
“Hasta 1957-58 fuimos agricultores. Crecimos hasta donde pudimos y hasta donde el gobierno nos permitió. Sembrábamos arroz, tomate, chile, pepino, melón, ejote, chícharo, todos los productos, y Santa Cecilia era de los mejores campos del valle de Culiacán”, indica.
Constituyeron también la distribuidora de legumbres en Estados Unidos en sociedad con Demerutis a la que llamaron Tade (Tamayo-Demerutis).
Entonces llegó la necesidad de crecer e incursionar en otros negocios que no tuvieran los riesgos de la agricultura, por lo que compran a Manuel Rivas la agencia Chrysler Rivas Automotriz y queda bajo el mando de Raúl y Enrique. Posteriormente adquieren de Juan Guerrero Alcocer Maquinaria del Humaya de la John Deere, negocio al que se fue Roberto.
Y la expansión siguió:
Abrieron otra agencia de autos en Guamúchil, además de Maquinaria del Évora, así como otros puntos de venta en El Carrizo y Navolato.
Después adquieren la agencia Volkswagen de Los Mochis y otras dos en Culiacán. También se fueron a Guamúchil y Guasave.
“Después abrimos motores diesel Perkins y otro de maquinaria pesada de la marca japonesa Komatsu. De ahí yo me fui a iniciar ese negocio en 1977 y empezamos aquí en Culiacán, luego Obregón, Hermosillo y Mexicali”, informa Enrique.
“Lo que mantuvo en progreso a Tamayo Hermanos es el trabajo y el deseo de hacerlo bien. Otro factor fue la reinversión constante para poder crecer. Igualmente importante es reconocer que no todo lo hacemos nosotros, que estamos rodeados de gente que nos ayuda...”, expuso Mario para el libro Jesús y Jesusita.
El campo Santa Cecilia era el lugar de referencia y ejemplo a seguir, considera Enrique.
A iniciativa de Ricardo, Tamayo Hermanos incursionó en el negocio lechero instalando la primera planta pasteurizadora de leche en Sinaloa, la cual tuvo que cerrar por incosteable; también incorporaron la venta de jugos Valencia empacados en envase de cartón, al igual que la leche.
Pero en los 80 ya los hijos de los Tamayo Müller se empezaron a integrar al grupo y los problemas de la segunda generación comenzaron a minar la unidad.
Entonces empezaron las fricciones, por lo que determinaron separarse entre 1984 y 1985, después de 30 años de trabajo en equipo.
El reparto, asegura Enrique, fue equitativo y lo más justo para todos.
Así, los negocios iniciados por Mario y su grupo se separaron. Algunas empresas fueron vendidas a terceros y otras siguen en manos de los hijos de los Tamayo Müller.


'Era muy buen padre'

Guillermo Gallardo

Mario Tamayo Müller regresó soltero del Distrito Federal a Culiacán en 1940 para trabajar con su papá en la agricultura.
Fue en esos años cuando conoció a Honoria Zazueta, una joven muy hermosa que fue reina del carnaval de Culiacán y vivía en la esquina de Hidalgo y Morelos.
Se pusieron de novios en los bailes cuando Honoria participaba como candidata al reinado y el 30 de agosto de 1945 se casaron.
Mario y Honoria tuvieron siete hijos: Margarita; Patricia, quien ya falleció; Jesús Mario; Honoria, quien también murió; María de Jesús, Lorena y Jesús Óscar.
Quería llegar a los 100 años y su salud le permitía hacer ese pronóstico, pero el destino le dio una mala jugada cuando enfermó de neumonía. Sus 91 años fueron demasiados.
“A mí me dijo hace unos cinco meses que él tenía un pronóstico de vida de 10 años. No tenía nada él, había quedado afectado por dos operaciones, pero se sentía bien, de salud estaba completo, pero le pegó una neumonía que se le complicó con la edad”, señala Heriberto Murillo, esposo de Margarita, la hija mayor de Mario.
Le sobreviven su esposa Honoria, cinco hijos, 22 nietos y 40 bisnietos.
“Era muy buen padre, pocas veces nos regañaba; realmente eso se lo dejaba a mi mamá, pero cuando hablaba, hablaba con mucha autoridad. Era muy recto”, recuerda su hija Margarita.
La familia Tamayo Zazueta definió a Mario, su padre, como un sinaloense, un hombre de gran sensibilidad y gran nobleza, que siempre se sintió orgulloso de ser heredero de una gran cultura del esfuerzo, con dedicación y amor.

¿Cuáles fueron sus logros?
Fue un gran empresario, una persona que no nada más se preocupaba por Sinaloa, sino por México. Incluso se metió mucho a la cuestión financiera, él fue consejero nacional de Banamex y consejero de otros bancos como Bancomer y Banoro, donde fue vicepresidente del consejo.

¿Qué es lo que más le preocupaba?
La economía y la seguridad del estado.
A Mario nunca le gustó presumir lo que era, tampoco quiso entrarle a la política, prefirió dedicarse en cuerpo y alma a hacer crecer los negocios. Eso lo traía en la sangre.
“Era una persona que no le gustaba brillar. Si preguntas quién brilló en la sociedad era Ricardo, era el político, el que llevaba las relaciones con los políticos”, expone Enrique Tamayo Müller.
Pero Ricardo murió el 28 de enero de 1964 en un accidente automovilístico, a los 44 años de edad.
Roberto Tamayo fue Presidente Municipal en el periodo 1981-1983, gracias a que era íntimo amigo de Antonio Toledo Corro.
Mario insistió en hacer crecer el Grupo Tamayo Hermanos y lo logró hasta que llegó el momento de disolver la sociedad en la década de los 80 y repartir las empresas a su familia.
Murió retirado en su casa a los 91 años de edad, el 27 de septiembre del presente año.

La familia Tamayo Müller

Padres
Jesús Lucio Tamayo Amador (1891)
Jesús Müller Tirado (1894)

Hijos
José Ricardo (1919)
Jesús Mario (1920)
María Luisa (1922)
Raúl Enrique (1925)
Jorge René (1926)
Roberto (1931)
Enrique (1933)

Familia Tamayo Zazueta

Padres
Jesús Mario Tamayo Müller
Honoria Zazueta

Hijos
Margarita
Patricia
Jesús Mario
Honoria
María de Jesús
Lorena
Jesús Óscar


22
nietos tuvo Mario Tamayo.

40
bisnietos.

Empresas
Campo Santa Cecilia
Tres agencias Chrysler
Cinco agencias Volkswagen
Cuatro agencias John Deere
Agencia de maquinaria Komatsu
Agencia motores Perkins
Cuatro distribuidoras de llantas General Popo
Lechera La Reina
Entre otros negocios